En el contexto de la arquitectura modernista del Eixample barcelonés, transformamos un edificio de oficinas de 1979 para dotarlo de una nueva piel, más eficiente, ligera y adaptable.
La antigua retícula estructural de fachada, típica de la época, se reinterpreta mediante un sistema modular que amplía los huecos y mejora la iluminación natural. El objetivo es claro: crear una nueva identidad visual sin borrar la lógica original. Tanto desde una visual exterior como interior, mejorando las condiciones de confort y bienestar de los usuarios.